Linea Oeste

Una reparación histórica

13/09/2014
Una reparación histórica

El 13 de agosto pasado la Presidenta de la Nación Cristina Fernández  de Kirchner y el Gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, viajaron a Paraguay para devolver bienes muebles del Mariscal Francisco Solano López y también para firmar un acta-acuerdo entre el gobierno paraguayo y la Argentina para que el país vecino opere en el puerto Ibicuy de Entre Ríos.

Este mobiliario había sido sustraído al mariscal Solano López por orden de Bartolomé Mitre en la guerra de la Triple Alianza entre 1865 y 1870 y se encontraban en el Museo Histórico de Entre Ríos. En 2011, enterado de la existencia de esos muebles, el gobernador Urribarri ordenó que fueran sacados de exhibición al considerar “una vergüenza” que esos objetos robados estuvieran expuestos y finalmente fueron trasladados a principios de julio por el gobierno entrerriano en un avión Hércules de la Fuerza Aérea Argentina, en un vuelo directo desde Paraná hasta Asunción. El mobiliario fue ubicado en el Palacio de Gobierno, el edificio que hoy es la sede del Poder Ejecutivo nacional, y que en aquellos tiempos estaba destinado a ser la residencia del mariscal López, quien lo mandó a construir pero que no había sido terminado antes de la guerra. Ese era su destino final.

La ministra de Cultura de Paraguay, Mabel Causarano, consideró que la actitud del gobierno argentino señala una relación de fraternidad entre dos pueblos y expuso la importancia política, simbólica y a l egórica que adquiere l a restitución del histórico mobiliario.

Con respecto a la cruenta guerra de la Triple Alianza dijo :- “la guerra grande todavía tiene gran impacto en Paraguay. Fue una guerra prácticamente de exterminio y de la cual nuestro país tardó muchísimo en recuperarse”.

La guerra del Paraguay

Allá por los años 1860 el Paraguay era la nación más próspera, adelantada y progresista de todo el continente sudamericano. Sin pedir dinero al extranjero, con sus recursos propios, había construido el primer ferrocarril que se tendió en Latinoamérica, el primer telégrafo, la primera fábrica de armas y los primeros y hasta hace poco los únicos altos hornos levantados en esta parte de América. Construía sus propios barcos, con las ricas maderas de su suelo, en sus propios astilleros, sus telas y sus calzados. Traía su yerba y sus cueros hasta el puerto de Buenos Aires. Los vendía y con el oro adquiría en Europa los materiales que necesitaba y contrataba los técnicos que le hacían falta.

El 10 de septiembre de 1862 moría el presidente paraguayo, Carlos Antonio López, quien había gobernado por 18 años, había consolidado la economía paraguaya mediante la realización de obras públicas altamente significativas y había nutrido un intenso sentido de nacionalidad con un exacerbado amor a la patrio, junto a un permanente recelo respecto a Brasil.

Conciente de su “meditarraneidad” evitó cualquier contingencia bélica a pesar de estar muy bien provisto y tener asegurado el autoabasteci- miento militar. sabía que cualquier movimiento lo dejaría encerrado al Paraguay.

Al morir dejó como heredero en la presidencia del país a su hijo Francisco Solano López.

Simultáneamente  asumía  en Buenos Aires la primera magistratura el General Bartolomé Mitre. Dos criterios antagónicos: López recibió, con el gobierno de Paraguay, la herencia histórica de un pueblo decidido a defender con ahínco su patrimonio para asegurar el desenvolvimiento nacional. Mitre era representante del liberalismo europeizante que sólo veía progreso en la entrega del patrimonio al capital extranjero, el que,según su ideología, nos sacaría de la barbarie indígena e hispánica en que estábamos sumidos todavía.

Con la corriente ideológica argentina estaba l a banca internacional y la diplomacia británica; Inglaterra pasaba por una situación angustiosa debido a la crisis del algodón (guerra de Secesión estadounidense en 1861) y el Paraguay era un fuerte productor de algodón, cosa que el capital británico no aceptaba, como así tampoco que el promisorio Paraguay mantuviera su propia industria y se negase a entrar en negociaciones crediticias con la alta banca londinense.

La diplomacia británica supo incentivar las ambiciones brasileñas con respecto al Paraguay y se aprovechó la situación en la República Oriental del Uruguay donde el 19 de abril  de  1863 Venancio Flores, General Uruguayo; perteneciente al partido colorado, desembarca en territorio oriental para iniciar la lucha contra el gobierno blanco del presidente Bernardo Prudencio Berro. En Buenos Aires, la opinión de Mitre es abiertamente solidaria con esta invasión. El 25 de abril el gobierno de Montevideo eleva a Buenos Aires su protesta por la invasión de Flores, salida del territorio bonaerense y protegida por la provincia argentina de Corrientes y la Brasileña de Río Grande. Se la acusa también de la venta de armas a Flores. No toda la opinión argentina está de acuerdo con la invasión. Urquiza, Gobernador de Entre Ríos, recela de Mitre y sus ministros y se conecta con los gobiernos de Montevideo y Asunción, expresa Urquiza sus simpatías para con el presidente Berro. Por otro lado, el gobernador entrerriano hace l legar al presidente paraguayo Francisco Solano López, un mensaje en el que le solicita que formen una alianza ofensiva y defensiva para lograr la separación definitiva de Buenos Aires de las demás provincias, de scuerdo con resolver con Paraguay todas las cuestiones del Río de la Plata. Pero el presidente López no confía en las palabras de Urquiza.

A todo esto el gobierno mitrista responde a las requisitorias del paraguayo que sólo quiere la equidad y la justicia, que es neutral con respecto a la cuestión uruguaya y niega todo cuanto le imputa el gobierno oriental.

Los entrerrianos, al frente de Waldino Urquiza, están dispuestos a defender al gobierno de Berro en M ontevideo. Comandantes militares entrerrianos desconocen la autoridad presidencial de Mitre, al mando está Waldino Urquiza, cuyo padre Justo José, deja hacer hasta que el embajador brasileño en Uruguay, barón de Mauá, lo hace desistir de su alianza con el presidente paraguayo y los “blancos” de Uruguay. La guerra civil del Estado Oriental terminó por envolver a la Argentina y al Brasil en un conflicto internacional, atizado por los intereses ingleses, cuya diplomacia, tuvo enorme gravitación en la política sudamericana.

Buenos Aires prestó ayuda logística a Brasil para que atacara al Paraguay y negó a este último país el permiso para que sus tropas cruzaran por la provincia de Misiones, permiso que los paraguayos creían concedido por gestión de Urquiza, que a decir verdad, no lo había solicitado de Mitre, en una actitud dubitativa del gobernador entrerriano. Por esta negativa, Paraguay le declara la guerra a la Argentina. Cuando asume la presidencia del Uruguay, Venancio Flores, declara la guerra al Paraguay.

El avance paraguayo apura las negociaciones entre el gobierno argentino y los representantes del Brasil y del Uruguay. El 1º de septiembre de 1865 se firma el tratado de la Triple Alianza. Su lema es: “ No deponer las armas hasta deponer al presidente López; que la Argentina y el Brasil dispondrán del territorio paraguayo en litigio con ambos países; que se respetará la independencia y soberanía del Paraguay; que éste país perderá la soberanía sobre sus ríos y que deberá pagar toda la deuda ocasionada por la guerra. Se da el mando de los ejercitos aliados al General Mitre”.

La historia del mundo no debe registrar una guerra más impopular que la llevada por la Argentina contra el Paraguay. Fue una guerra cruenta, feroz. Los paraguayos “peleaban como bárbaros” a decir de Venancio Flores. Para ellos, la guerra era cuestión de vida o muerte, pues no valía la pena vivir en un Paraguay arrasado. Los brasileños, en su inmensa mayoría esclavos, peleaban sin entusiasmo, deserción y fuga eran sus sueños, uruguayos y argentinos voluntarios  engrillados y mercenarios europeos a sueldo, trataban de salvar la vida como Dios los ayudara. Sólo la fuerza y el número pudieron doblegar a los paraguayos.

El resultado fue el aplastamiento del orgulloso Paraguay, la entrega de su economía al juego de las finanzas internacionales y la apertura de sus ríos en beneficio del comercio inglés.

70000 muertos costó la guerra al Paraguay, pelearon y murieron hasta niños de 6 años.

El 5 de enero de 1869 el ejercito imperial entra en Asunción, solitaria y silenciosa, que muestra al vencedor sus puertas y ventanas cerradas. Pronto comienzza el saqueo a la capital paraguaya. “Los buques transportes y algunos de guerra salían del puerto cargados de muebles de sala y dormitorios; iban pianos y camas juntos”, dice el Coronel Juan C. Centurión. Terminado el saqueo, que dura varios días, muchas casas son incendiadas.

Lic. Yolanda Leiva


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