Linea Oeste

Salud - Actividad física - Felicidad humana

18/07/2014
Salud - Actividad física - Felicidad humana

La triplicación de la esperanza  de  vida  de los humanos en los últimosdoscientos años constituye el  hecho  más  sobresaliente  que haya   experimentado   cualquier especie, desde su misma existencia. Nos toca ahora enfrentar el abrupto desafío de ser felices, de vivir una larga  vida  en  plenitud…  y  no estamos aún preparados para ello. La amenaza de que las próximas generaciones vivan menos que las actuales, es real.

Predominantemente, corremos detrás de la enfermedad cuando deberíamos centrarnos en la promoción de la salud y en la educación, para vivir mejor. El consumismo y el sedentarismo se interponen.

Hoy la ciencia -especialmente la neurociencia- puede demostrar mediante tecnología avanzada que hasta nuestro último día de vida podemos tener capacidades en expansión, seguir aprendiendo, ser más creativos, más empáticos e imaginativos, tener una mejor vida, más disfrutable.

En el pasado, la fisiología hizo hallazgos hoy incuestionables. Nos informó que los animales superiores -el hombre lo es- están proyectados, básicamente, para la movilidad. Nuestro aparato locomotor y órganos de servicio, constituyen la parte principal de nuestra masa corporal total. El instrumento básico de movilidad es el músculo. Éste tiene una tasa de metabolismo grandiosa, en condiciones de trabajo físico puede hasta multiplicar por cincuenta la tasa de metabolismo de reposo. Sus órganos de servicio (sistema respiratorio, circulatorio, neuromuscular, neuronal, endocrino, etc.) se adaptan según sean requeridos. El estudio de la respuesta de la fisiología humana a la actividad física se basa en tres leyes o  principios  generales  que actúan siempre , independientemente de nuestra conciencia. Son,  el  principio  de sobrecarga: bajo ciertas condiciones, el órgano que es exigido más allá de lo habitual se fortalece. Su antítesis es el principio de reversibilidad: si deja de ser estimulado como habitualmente,  se debilita. Por último, el principio de especificidad nos dice que el carácter de la adaptación guarda relación con la especificación del estímulo  (fuerza, resistencia, velocidad, coordinación neuromuscular, etc.). E n consecuencia, órganos que no se usan se atrofian, dice un proverbio conocido en el ámbito de la salud y la educación física. La función hace al órgano y órgano hace a la función es el corolario de estos principios descriptos.

El hombre es una integral de cuerpo, mente, sentimientos y espíritu, en permanente conexión interactiva con el entorno y sus semejantes. Cada cosa que suceda o no suceda en cada una de sus cuatros dimensiones o al entorno, afecta a las otras.

Hoy,  la  prolongación  de  la  vida sobrevida,   sus   condicioneshumana pone en primer plano la

reflexión sobre la calidad de esa facilitadoras y limitadoras.

Ser vital, ¿es una elección?

Nos dice Ludmila Yivkova en su blog "Viajes al espacio y espacios de Lectura": “Si se pregunta a la comunidad científica inmersa en sus investigaciones, o a la gente de la calle, por el acontecimiento más singular y trascendente de toda la historia de la evolución desde el origen de la vida, pocos atinarán a apuntar la triplicación de la esperanza de vida en los países desarrollados en menos de doscientos años. Súbitamente, la especie humana, las mujeres y los hombres -algo más las mujeres-, disponen de cuarenta años adicionales de vida después de haber cumplido con las tareas reproductoras. Nunca había ocurrido nada parecido en ninguna especie; y mucho menos en tan poco tiempo -sin necesidad de ninguna mutación aleatoria o más bien a pesar de las numerosas mutaciones con que carga cada generación-. El fenómeno no tiene precedentes, y el descubrimiento revolucionario de que no estamos programados para morir está muy lejos de calar en la conciencia humana y, todavía menos, en la programación y los mecanismos decisorios de las instituciones sociales y políticas”. Secundaria Diurna  #229  'Ludmila  Yivkova' T.M. (1).

A modo de ejemplo: las dos puntas del camino de la vida

El estudio de una serie de hechos sociales aparentemente inconexos nos permite develar la trama subyacente. La misma pone en evidencia esta falta de conciencia de la que habla Yivkova. Cada lector está invitado a sacar sus propias conclusiones.

Por un lado observamos la vida en los institutos geriátricos. Cada vez más colapsados, cada vez más insuficientes en número, cada vez más caros por imperio absurdo de la ley de la oferta y la demanda que regula las transacciones comerciales. Al ingresar a cualquiera de ellos por la planta baja, vemos personas mayores, predominantemente mujeres -los hombres mueren más rápido- todas sentadas, algunas en sillones de ruedas, alrededor de una o varias mesas. Un televisor omnipresente y el parloteo parco, imperativo y presuroso de las atareadas cuidadoras es lo que se escucha. La mayoría de las personas todavía son auto-válidas. Las internadas hablan poco o mantienen silencio. Pocas dialogan. En los pisos superiores el panorama cambia dramáticamente a medida que pasamos de una planta a otra. En el primer piso, casi todas las personas están en sillas de ruedas que no conducen. No deambulan, están postradas… para siempre. Otras yacen casi todo el día en la cama. Ya casi ninguna habla. Los pisos superiores son, literalmente, depósito de personas que esperan su hora en posición fetal el grueso de sus horas. Con poco o nulo registro de su entorno. El personal limpia, cambia pañales, suministra fármacos y da de comer, casi deshumanizadamente, como tratando con cosas. El capitalismo en su cara más atroz convirtió a estas personas en objetos a mantener con vida mientras el sistema o los familiares paguen su manutención. Los laboratorios siguen facturando. El negocio de la enfermedad crónica se ha consumado. La impotencia de los familiares va consumiendo la esperanza de una vida digna. La resignación invade las almas y solo esperan una muerte digna, piadosa... innecesariamente retrasada. El anhelo de felicidad, frustrado.  Dolor  por   doquier. Desesperanza. Las frías estadísticas mentirán la elevación de la esperanza de vida. ¿Qué vida?

Veamos que ocurre en la otra punta, en la etapa de la aurora de la vida.

Una mañana, en una escuela primaria pública de un barrio populoso de la gran metrópoli. Las madres, la mayoría con sobrepeso

–la obesidad se diagnostica visualmente- se agolpan a las ocho de la mañana en la puerta. Tres niños asistidos por una docente izan la bandera. Ya en el aula, en la primer hora, la maestra instala como tema de la currícula del día “el menú de los argentinos” con el propósito de que los niños participen en clase, aprendan a leer de corrido y puedan luego redactar una “ composición”. En un papelógrafo, la docente escribe las cuatro ingestas diarias de los siete días de la semana. Los niños participan bulliciosamente, le dictan a la maestra. Termina la hora de clase y queda expresado en el papel los gustos y hábitos de los niños. La docente los “naturaliza” con su consentimiento explícito, acrítico y  tácito.  Se  develan  y resumen en él un hecho cultural/ social: de qué se alimentan. Los desayunos, cuando existen,  son:  alfajores,  juguitos, chocolatadas,  galletitas,  chizitos, zucaritas.  Los  almuerzos:  fideos con  tuco,  milanesa,  huevo  frito, salchicha,   hamburguesa,   guiso, papa, tomate, “picante de pollo”, pizza,   pastel   de   papa.   Las meriendas y cenas se parecen a los desayunos y almuerzos. En el rubro “bebidas”:   Coca,   Fanta,   Pepsi, Fresh,  Apetece,   Ivess,   Fason, Kontiki,   Rebber,  Tray,   Caribe, etc… marcas. Llega el recreo. Los niños salen presurosos al patio a jugar  con  su  computadorita.  La escuela ingresó al plan piloto que incluye la entrega de una netbook escolar   a   cada   alumno   y   una computadora   portátil   a   cada docente   de   grado,   además   del equipamiento   para   directivos, supervisores y salas de docentes. También,   contempla   el   acceso ilimitado a Internet en las escuelas y un servidor para cada establecimiento.   La   escuela produciendo  y  reproduciendo  la cultura dominante. Legitimándola. Aprenden   a   jugar   frente   a   la pantalla. Otra pantalla les esperará en casa,  donde recibirán impactos publicitarios apenas interrumpidos por   algún   entretenimiento.   “La calle   es   insegura”...   dicen   los mayores,   replicando   la   letanía martillada por los comunicadores mediáticos. Cada vez menos niños tienen   habilidades   para   juegos activos y deportivos y por lo tanto no   les   gusta.  Tampoco   a   sus amiguitos. Ni les gustarán nunca. No aprendieron a gustar de ellos. No tienen oportunidad para que así sea.   El   confort   del   novato espectador   cliente/consumista, formateado por el sistema, se impone   sobre   el  gusto   por   el movimiento… para siempre. ¡Que así sea!

El desafío de enfrentar al futuro con nuestros designios.

Nacemos dotados de cuatro atributos, capacidades potenciales, que germinarán y se fortalecerán si nos damos y nos dan la oportunidad de hacerlo. De niños tenemos un potencial ilimitado, grandioso, promisorio. Sin embargo somos absolutamente dependientes. La cultura puede abortar total o parcialmente su desarrollo. Estos atributos, dones de nacimiento, son únicos y específicos de la especie humana. La cultura permitirá o limitará su expansión plena, la educación podrá alimentarlos o truncarlos, el  ser  humano y sus instituciones familiares , económicas, políticas y sociales podrán ser habilitadores o por el contrario cercenadores de este potencial. Los decisores serán gestores y facilitadores o por el contrario, miopes y retardatarios. Complacientes con el statu quo.

Una vez adultos, nuestras elecciones serán determinantes. Somos producto de ellas por acción u omisión, por elección explícita o tácita. O continuamos con la inercia o nos rebelamos. Estas capacidades innatas, como nuestra capacidad de movimiento, son la capacidad de imaginación, de proyectarnos hacia objetivos deseados. Crearlos primero en nuestras mentes y luego plasmarlos en la realidad. Todo lo que existe primero fue imaginado.

También estamos  dotados  de  la capacidad de examinar y reflexionar sobre nuestras creencias y nuestros pensamientos, sobre nuestros paradigmas o lentes conceptuales, cuestionarlos, explorarlos, ponerlos a prueba, de abandonarlos por otros más efectivos y sostenibles, es decir, tenemos autoconciencia.

Al mismo tiempo disponemos de voluntad independiente, es decir, podemos optar entre reaccionar o actuar, entre ser reactivos o proactivos, elegir si nos sometemos al determinismo o tomamos a éste como condicionante pero no como determinante. Si actuamos según nuestros   guiones   o   somos “actuados” por el software cultural. Es decir, asumimos o no la capacidad de elegir en última instancia, ejerciendo nuestra libertad interior, más allá de las condiciones limitantes.

Por último, de niños venimos dotados de conciencia moral. Por encima de los valores sociales, somos portadores de principios como la bondad, la rectitud, la integridad, la amabilidad, la solidaridad, la equidad. Estamos dotados de una brújula interior que nos guía y nos dice qué está bien y qué no, cual es nuestro verdadero norte. Es nuestra voz de la conciencia. Es clara y tenue, fácil de acallar con racionalizaciones y excusas. Pero es audible si estamos dispuestos a escucharla.

Además de estas cuatro capacidades innatas, la construcción social de la felicidad humana requiere cuatro atributos de liderazgo, tanto de las personas como de las organizaciones. Estos actúan juntos, sinérgicamente, complementariamente y se requieren unos a otros. Si falta uno, se debilitan todos, si se fortalece uno, contribuye al mejoramiento de los   otros.   Estos   atributos   del liderazgo personal y organizacional son: visión, disciplina, pasión y conciencia que ponen en juego las cuatro dimensiones humanas (mente, cuerpo, corazón y espíritu).

La visión es el ojo de la mente, es la capacidad, entrenable, de la imaginación. Cuando la visión es compartida tiene un efecto potenciador ilimitado. La rebelión de Espartaco, la revoluciones de Gandhi o Martin Luther king son ejemplos de ello.

La disciplina es entregarse, disciplinarse, hacer todo lo necesario,   ponerle   el   cuerpo, generar las estructuras necesarias, ejecutar, administrar con osadía, tenacidad, guía y paciencia, todas las acciones para hacer realidad la visión.

La pasión es el fuego que alimenta al músculo, es el ardor por hacer que la disciplina ejecute. La pasión no es atributo de los que medran en la mediocridad, de los temerosos, de los genuflexos y aduladores del poder. La pasión requiere valentía y consideración. Compasión. Una virtud basada en la empatía y en la acción positiva hacia los demás.

La conciencia es el principal atributo. Es la guía, la brújula que nos orienta hacia el verdadero norte. No basta con hacer las cosas bien. Es necesario hacerlas por el camino correcto. No hay liderazgo genuino sin conciencia. Nada duradero se construye con la mentira, el engaño, la duplicidad. Sólo  lo  construido  en  base  a  la verdad, la justicia y la integridad personal y organizacional perdura en el tiempo. Las personas y organizaciones  que   lideran los cambios enriquecen permanentemente estos atributos y capacidades, independientemente de los puestos y jerarquías formales. La conciencia y el conjunto de estos atributos producen autoridad moral.

Como explica Eduardo Punset en el prólogo de el viaje a la felicidad (2). Éste -el viajeacaba de empezar y su final es incierto: “Hace un poco más de un siglo la esperanza de vida seguía siendo de treinta años: lo justo para aprender a sobrevivir, si se contaba con la suerte, y culminar e l propósito evolutivo de reproducirse. No había futuro ni, por lo tanto, la posibilidad de plantearse un objetivo tan insospechado como el de ser felices. Esta era una cuestión que se aparcaba para después de la muerte y dependía de los dioses. La revolución científica ha desatado el cambio más importante de toda la Historia de la evolución: la prolongación de la esperanza de vida que ha generado más de cuarenta años redundantes –en términos evolutivos-“.

...Por primera  vez  la  humanidad t iene futuro y se plantea, lógicamente, cómo ser feliz aquí

y ahora. Podemos elegir personal y socialmente: La salud, la alegría de vivir, la vitalidad y el optimismo, están dentro nuestro, latentes. Solo hay que despertarlos … y entrenarlos y esto no es fácil.

Prof. Jorge Navarro Presidente de SALCES (Sociedad Argentina de lucha contra el sedentarismo) Especialista en Medicina del Ejercicio y Salud Miembro del Consejo Profesional de la REDAF


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