Linea Oeste

Recurren a la justicia para frenar el enrejado de la Plaza de Mayo

23/05/2018
Recurren a la justicia para frenar el enrejado de la Plaza de Mayo

El  Observatorio del Derecho a la Ciudad y el Observatorio de Patrimonio y Políticas Urbanas presentaron una acción de amparo para que se remuevan las rejas instaladas en la Plaza de Mayo, ya que las mismas han sido colocadas   violando   las leyes existentes ya que es un sitio que cuenta con la máxima protección histórica y para modificarlo hace falta una ley.

Durante el fin de semana del 19 y 20 de mayo se comenzaron a instalar las rejas aunque las autoridades no  hicieron  público el proyecto ni se realizaron  anuncios al respecto.

La Plaza de Mayo está protegida por normativas específicas del Código de Planeamiento Urbano. Esta se encuentra en el Área de Protección Histórica N° 1 (APH1) y cuenta con protección Ambiental (Art. 4.1.2.) con Nivel 1 Ámbito Consolidado (Art. 4.1.2.1.1.) 

En el art. 4.1.2.2.1. se establece que en el espacio propio de la Plaza de Mayo sólo se permitirán trabajos de conservación y mantenimiento de los elementos preexistentes. Todo proyecto modificatorio deberá contar con visado previo del Consejo y aprobado por Ley. 

La intervención en un espacio histórico requiere criterios de conservación y protección especiales que están especificados en el Código de Planeamiento Urbano. Cualquier modificación que se pretenda realizar debe ser aprobada mediante una ley específica. 

La Legislatura no aprobó ningún proyecto de modificación de la Plaza de Mayo ni mucho menos la instalación de rejas que no puede ser considerado como un trabajo de conservación ni de mantenimiento. 

Se trata de una violación al Código de Planeamiento ya que se ha modificado el ancho de veredas, ha nivelado el solado de Balcarce con la explanada de la casa Rosada, ha eliminado los cordones de granito reemplazándolos por cemento, ha cambiado los pisos  colocando mosaico granítico no permitido. Han plantado una nueva hilera de árboles, arbustos y plantas ornamentales, mientras han desparecido piezas históricas, han colocado iluminación embutida en el piso, han sustituido el equipamiento existente por otros de diseño contemporáneo, han cambiado el mástil y removido las baldosas donde estaban impresos los pañuelos blancos que mostraban el lugar por donde marchaban las Madres de Plaza de Mayo. Se trata de un comportamiento violatorio a las leyes y un  desconocimiento del   estado del arte y  del patrimonio.

 La especialista en Patrimonio Cultural, Sra. Mónica Capanoha expresado al respecto que “las rejas no forman parte del diseño histórico de la Plaza de Mayo ya sea que se adopte el diseño histórico de la Plaza de Mayo al 1897 o tomando la fotografía del año 2000 cuando se aprobó la ley N° 449 que sancionó el "Código de Planeamiento Urbano" .

Además ha realizado una valoración patrimonial de la instalación de las rejas en la Plaza de Mayo al señalar que: "La intervención que se ha verificado en la Plaza de Mayo y que culmina con la colocación de un enrejado que la fracciona, la divide, le provoca un hiato, una cesura es una operatoria de remoción de referencias culturales: se extirpan  marcas urbanas de resistencia, de lucha, de memoria, en síntesis, marcas políticas que un patrimonio en uso ofrece en el marco de la cotidianeidad y la habitabilidad, o sea, se pretende transformar un espacio público en un lugar controlado, una especie de museo que, a través de entradas y salidas vigiladas, y de horarios impuestos,  hace añicos toda relación dinámica con nuestro presente. Valgan las comparaciones con los intentos del dictador Videla para remover del mármol de la fachada del Ministerio de Economía, las señales de los bombardeos".

Como suele suceder con casi todas las obras públicas en la Ciudad de Buenos Aires tampoco hay un cartel de obra que indique que obras se están desarrollando o quién es el responsable de la misma. 

Entre las argumentaciones presentadas por Mónica Capano a la justicia se destaca la que dice :- “

Los seres humanos necesitamos reconocer nuestro hábitat, al igual que el resto de los animales, hay una necesidad vital que es armar los mapas mentales que nos permiten ubicarnos en el espacio y en el tiempo y existir, entonces, no sólo como avatares, sino como entes reales.

En efecto, quien habita una ciudad, la recorre con un mapa mental que le permite orientarse dentro de ella. Son los trayectos de ida y vuelta los que van conformando una imaginería  mental que ilumina nuestros  pasos seguramente más que cualquier alumbrado público. Sin embargo, ese reconocimiento automático de la memoria del catastro urbano puede ser destruido mediante la reconstrucción de la ciudad. Esto es lo que está pasando en una ciudad cuyos gobernantes la publicitaban hasta hace poco con el slogan “Haciendo Buenos Aires” como si fuera un campo raso sin preexistencia a la gestión del partido gobernante.

Los seres  humanos necesitamos darle sentido al mundo en que vivimos y también a la propia vida, y esto solo es posible si comprendemos el proceso histórico en que la misma transcurre.  Para esto, dos procesos son esenciales: la transmisión cultural e histórica y la preservación de la memoria.

La Plaza de Mayo es uno de esos corredores del alma y de las oscuras trayectorias de la memoria, tan necesarios como la alimentación diaria. Las drásticas transformaciones a que se somete a los hitos urbanos son verdaderos ataques a la memoria colectiva que no son anodinos o sin consecuencias: en los últimos tiempos la destrucción va de la mano de la intención de hacer desaparecer, parafraseando a Virgilio cuando habla de esos nidos de resistencia inaccesibles a la caballería y artillería, esos espacios que se cargan de continuas capas de significación en la medida en que son apropiados y reapropiados como espacio público para la expresión popular, ya sea de protesta, de festejo o de conmemoración

O sea, este urbanismo transformador parece tener como meta la voluntad de poder disciplinar. Es que las guerras ya no parecen producirse en los campos sino dentro de las mismas ciudades y a distintas escalas.

La intervención en la Plaza de Mayo y su aislamiento mediante rejas anula el concepto de espacio público que es el lugar del encuentro entre sujetos heterogéneos. Nos recuerda, desde los frustrados intentos por enrejar el Parque Lezama y convertir su anfiteatro en una fuente que, al centrarse en la contemplación pasiva e individual, anularía las múltiples prácticas políticas, sociales y culturales que allí se han desarrollado, hasta el hiato que produce la traza del metrobús en la 9 de Julio, otrora espacio de grandes movilizaciones, como el Cabildo Abierto del Justicialismo convocado por la CGT el 22 de agosto de 1951 por ejemplo, y de grandes festejos como los del Bicentenario.   Esta intervención nos retrotrae a la construcción de la Plaza Houssay por obra de Cacciatore en la que se impuso una modalidad de panóptico para hacer efectivo el Controlar y Vigilar de Foucault.”

Redacción Línea Oeste 


 
 
 
 

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