El gobierno nacional y las empresas contratistas resolvieron clausurar el proyecto. Después de diecinueve años y de cinco gestiones presidenciales, le dicen chau al soterramiento. Nos ilusionamos con un enorme túnel que no podrá ser. Al menos por ahora.
La historia completa es extensa y muy compleja. Sus detalles aburrirían a cualquier lector o lectora. Aquí sólo compartiremos una breve síntesis de lo que sucedió durante casi dos décadas.
En 2006, cuando Néstor Kirchner era presidente, se llamó a licitación. El proyecto consistía en construir un túnel de casi 33 km de largo que iría desde Moreno hasta Caballito. Por sus entrañas transitaría el ferrocarril Sarmiento.
Pasaron dos años. En 2008 durante la presidencia de Cristina Fernández, se adjudicó la obra a una UTE (Unión de Empresas Transitoria) formada por LECSA (argentina, de la familia Calcaterra-Macri), Ghella (italiana), Odebretch (brasilera) y Comsa-Emte (españolas).
El trabajo se realizaría en 36 meses dividido en tres etapas: la primera desde Caballito hasta Ciudadela (9200 metros); la segunda hasta Castelar (9400 metros), y la tercera hasta Moreno (14.100 metros). El primer tramo costaría mil millones de dólares.
Transcurrieron años sin que la obra comience. No estaba resuelto el tema de la financiación. Recién en 2011 llega al país la Tuneladora fabricada en Alemania y se instala en Haedo, bajo un enorme obrador de chapa. “La Argentina”, le llamaron a esa tremenda máquina de última generación que se demoró cinco años para empezar a moverse.
En 2016, cuando ya gobernaba Mauricio Macri, se renegoció el contrato. Pero todo se complica en el contexto del “Lava Jato” brasilero, en el que había participado Odebretch y porque Angelo Calcaterra, primo de Macri y dueño de Iecsa, vende su negocio a Marcelo Midlin, dueño de “Pampa Energía” y también muy cercano al presidente. Una ensalada con demasiados condimentos. Así y todo, con denuncias cruzadas de corrupción y de coimas, la máquina se pone un funcionamiento.
Para entonces ya se había instalado, muy cerca del pozo por el que se introdujo la tuneladora, una fábrica de “Dovelas”, bloques de hormigón con forma de caño para ir tapizando con cemento el túnel de tierra.
Entre el 2016 y el 2018 la máquina fue haciendo su trabajo. La oruga mecánica de 125 metros de largo construyó, a veinte metros de profundidad, un túnel de poco más de 7 km: desde Haedo hasta Villa Luro. Y ahí se quedó. Los acuerdos de Macri con el FMI impidieron seguir echando nafta a la tuneladora.
Y así llegamos al 2025. Siete años después de que la máquina se detuvo y a diecinueve años del llamado a licitación. Con molestísimos obradores sobre Avenida Rivadavia que hace tiempo dejaron de cumplir función alguna, con un túnel inservible y con una costosísima agujereadora que no puede retirarse de su propio agujero. Se acaba de abandonar una obra que enterró 420 millones de dólares. Se tapiarán todos los pozos y “si te he visto, no me acuerdo”. El Sarmiento seguirá como estaba, tan útil y tan molesto como siempre. Chau soterramiento.
Redacción Línea Oeste
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