Hace más de 30 años que jubilados y jubiladas se reúnen los días miércoles frente al Congreso de la Nación. Comenzaron en los 90’ con el liderazgo de Norma Pla. Y desde entonces, siempre hubo algún grupo, más grande o más pequeño, según las políticas de cada gobierno, que se juntó para expresar sus demandas.
Desde hace un año y medio, estos encuentros se fortalecieron. Hubieron muchos miércoles de fuerte represión y otros que, atentos al volumen de los participantes, el Ministerio de Seguridad optó por “abrir las puertas de la calle” y evitar los palos y las corridas. Este miércoles 17 de septiembre fue uno de esos, pero no fue un miércoles más. Mientras jubilados y jubiladas se reunían sobre Rivadavia, a la altura de las vallas que cercaron al Congreso, muchísima gente caminaba hacia ese lugar.
Diputados y diputadas comenzaron a sesionar temprano. Debatirían la anulación de dos vetos a leyes muy importantes para la mayoría de la población: la del financiamiento a las universidades nacionales y la de emergencia del Garrahan; educación y salud, dos asuntos centrales en nuestra construcción histórica. Las niñeces y las juventudes directamente involucradas en dos leyes que, si bien son paliativas, se convirtieron en fundamentales para la subsistencia del principal hospital pediátrico del país y para la continuidad de la educación pública universitaria. Con los magros recursos actuales, tanto las facultades como el hospital, se irían diluyendo hasta dejar de existir.
Como pocas veces -o quizá ninguna- la Plaza del Congreso, la Plaza Mariano Moreno, las calles adyacentes y la Avenida de Mayo hasta la Avenida 9 de Julio, se convirtieron en un río humano moviéndose al ritmo de cantos y consignas contra el veto del poder ejecutivo.
Siempre es difícil acertar con la cantidad de participantes. Posiblemente hayan sido unos 200.000. Lo importante es que jóvenes de todas las facultades, docentes, no docentes, autoridades universitarias, personal médico y administrativo de todas las áreas del Garrahan, trabajadores organizados en la CGT y en las dos CTA, partidos políticos y muchísimas personas que no pertenecen de modo directo a ninguna de las organizaciones afectadas por la leyes en cuestión, junto a los jubilados y jubiladas de cada semana reclamaron, al unísono, la anulación de los vetos.
El objetivo fue logrado. Aún falta pasar por el Senado, pero la cámara de Diputados votó por la anulación. Todo hace prever que la Cámara Alta resolverá en ese mismo sentido. Sin embargo, nada es tan fácil como parece. Habrá que esperar, después, la resolución del Presidente Milei. Las leyes no funcionan si el Poder Ejecutivo no las reglamenta y si no entrega los fondos correspondientes. Es muy posible que eso ocurra. Y si eso ocurriera, estaríamos más próximos a un régimen autoritario que al sistema democrático expresado en la Constitución. En poco tiempo lo sabremos.
Sergio Zalba
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