La comida, las palabras, las identidades
Las palabras que utilizamos nombran, dan significado, instituyen. Cada lenguaje, cada idioma, crea y transmite una visión del Universo, y es así que existen palabras en todos los idiomas que son intraducibles, solo pueden ser explicadas.
Asistimos en estos tiempos en que las políticas de mercado permean casi todo quehacer y pensamiento humano, a una reducción de los eventos culturales (salvo excepciones), y me remito a la CABA por una cuestión de delimitación de la problemática, y porque es el lugar donde desde 2007 sufrimos de manera ininterrumpida las consecuencias de la aplicación de un modelo neoliberal que a todo pone precio. No valor, precio.
La salud tiene precio, la educación tiene precio, la dignidad tiene precio, y por supuesto, también el tiempo libre y la recreación. Lo llamativo es que las únicas ideas que caen en ese sentido están directamente relacionadas con la producción y consumo de comida. Comida de calle, de plaza, gourmet, pop up, restaurantes y bodegones se ven invadidos por hordas presuntamente hambrientas, en busca de una nueva experiencia de comensalidad. Aun en
bodegones puestos de moda en barrios en que los vecinos y vecinas no pueden acceder a ellos. Pero esto es otro tema. Y no se está menospreciando el hecho de compartir la comida, no. Somos animales culturales, y esto significa que además de cumplir con necesidades biológicas, cumplimos con necesidades culturales y esto determina qué comemos, cómo, cuándo, con quienes, dónde.
Y vamos a las palabras. En inglés, un evento pop up refiere a un suceso emergente, la aparición de un puesto de comida en la calle, pero cuidado, no cualquiera: no es lo mismo un puesto de venta de paltas o choris que uno de goulasch, crepes, arepas y cualquier otra variedad exótica (aunque en su país de origen sea comida callejera, sin más), adoptada por el esnobismo local alegremente.
Esto no sería problema, si fuera acompañado de otras políticas culturales que excedieran el hecho de comer. Pero cuando en la ciudad de los Cafés Notables, en el contexto de la Noche de los Cafés Notables, aparecen las variantes pop up, como agregado parasitario y/o alternativo, podemos percibir que el llamador de los Cafés Notables, tan caros a nuestra identidad, es operativo a otra clase de emprendimientos, cadenas de restaurantes, food trucks , y múltiples variantes de lo que se resisten en llamar comida callejera por ese gusto del uso del eufemismo. Con un agravante. Lo que se consume y comparte en un café, notable o no, mas allá de algún espectáculo que pueda brindarse después de cierta hora y que forma parte de la tradición en lo relativo a prácticas sociales y culturales en bares y cafés, no es lo mismo que lo que proponen estos puestos que surgen en una tarde, itinerantes, imprevistos, con la idea de proporcionar experiencias. Como si no fuera suficiente experiencia la de un café en el Tortoni escuchando tango. Por decir algo.
Esta intromisión de prácticas ajenas, nombradas con palabras también ajenas, nos pegan bajo en la identidad, aunque en el momento no duela. Costó mucho que en la CABA se reconocieran ciertos bares como notables, solo fue más fácil después del crimen patrimonial de la Richmond (1917 – 2011) a manos del entonces ministro de Cultura, el inefable Hernán Lombardi. No le tembló la mano, a pesar del sufrimiento social que produjo el desguace de esa joya que fuera lugar de encuentro del Grupo Florida de inmensos escritores argentinos. La London (1890 – remodelación 2013), en Florida y Avenida de Mayo casi sufre la misma suerte, pero no, fue remodelada, para ser habilitada como restaurante. Su mayor valor cultural, la mesa en el mismísimo lugar frente a la ventana, donde Cortázar escribió Los Premios, fue colocada con sus objetos, fotos y demás en el fondo del salón. Porque a los clientes les gusta la ventana. Porque pareciera que da lo mismo, con un criterio extractivista colonial, que sarcófagos egipcios estén en Egipto o en el British Museum. Lo mismo la ventana, lugar elegido por Cortázar, que el fondo, lugar elegido con criterio comercial y de diseño de interiores. Y no, no es lo mismo.
Algunos otros de estos amados lugares corrieron el mismo peligro. Algunos se salvaron, transformaciones mediante, y se puede observar un listado de Bares Notables en la página de Cultura de la CABA. Asistimos en algunos casos a restauraciones respetuosas desde lo edilicio, lo cultural y su conexión con el entorno, que los hace no expulsivos para quienes habitan el barrio e hicieron que sean notables. También observamos como en una especie de viaje atrás en el tiempo que bares que habían sido “modernizados” se añejaron escenográficamente usando restos de otros que tuvieron peor suerte en esta selección inmobiliaria. Y son eso, escenografías.
Podemos vivir, así, eso que decía Borges, acerca de la creación del Universo y su edad, porque si Dios quisiera, podría instalarnos en un Universo creado ante instantes con evidencias de millones de años. Y nunca lo sabríamos.
Lo mismo pasa con los bares. Quiénes saben su Historia? Aquellos que recuerdan a su abuelo o a su padre tomándose una grapa en el estaño. Aquellos que se juntaban a tomar una cervecita. Quienes se citaron alguna vez para un café con esa persona, en ese lugar. Al visitante de afuera, basta con proporcionarle escenografía y consumiciones presuntamente típicas sin dejar de lado aportes culinarios contemporáneos impensables hace 20 años.
Y esa es la diferencia entre la identidad de una ciudad, colectivamente construida, y el diseño de una ciudad excluyendo las vidas de quienes la habitan y transitan, porque el criterio es el criterio de mercado.
La diferencia entre un café y la comida pop up: experiencial, pasajera, no deja huellas, salvo eventuales recuerdos, no podemos volver mañana porque ese lugar ya no está, efímera, frívola. Aunque cumpliera con las expectativas alimentarias, no construye relaciones ni redes sociales duraderas. Tal vez por eso tengan tanta difusión.
Cristina Sottile
Lic. En Cs. Antropológicas
Facultad de Filosofía y Letras - UBA
Staff LINEA OESTE
Directora Propietaria: Nora B. Mestre
Registro Prop. Int:
RL-2025-68948707-APN-DNDA#MJ
Correo electrónicos:
Dirección: