Los “Jubilados de los miércoles” como ellos y ellas se llaman a sí mismos, ya son un clásico de la ciudad. También concentran en otros lugares del país. Pero casi no nos llega información. A penas sabemos algo de lo que ocurre en Buenos Aires, donde Dios atiende, según suele decirse, y el diablo nunca deja de meter la cola.
Semaforazo, palos y gases
Hace más de treinta años que jubilados y jubiladas se manifiestan en la calles. En los 90’ se reunieron algunas veces en la Plaza Lavalle. Sin embargo, la zona del Congreso de la Nación se convirtió, prontamente, en el lugar de encuentro privilegiado.
Empezaron con Norma Pla durante el gobierno de Carlos Saúl Menem. Y aunque nunca tuvieron la retribución merecida, en años posteriores gozaron un tiempo de relativo sosiego.
Transcurrida la crisis del 2001 casi no hubo protestas importantes. Se había instalado una cierta equidad, precaria pero valiosa: haberes razonables, aumentos adecuados, bonos complementarios que se ajustaban a la inflación, remedios gratis, posibilidad de incorporarse al sistema previsional pagando una moratoria y una obra social (PAMI), siempre insuficiente, pero con respuestas más o menos activas. Después llegó otro tiempo de paulatina descomposición y, desde hace dos años, todo esto se derrumbó casi de un plumazo. Fue por entonces cuando jubilados y jubiladas volvieron a la calle.
Se instalaron, los miércoles por la tarde, en la puerta del Anexo del Congreso, frente al Palacio Legislativo Nacional. Su protesta se convirtió en “semaforazo”. Cada vez que el rojo del semáforo frenaba a los autos que circulaban por Av. Rivadavia, se ponían en medio de la calle mostrando sus carteles y golpeando cualquier cosa que hiciera ruido.
Así estuvieron varios meses. Pero un día, el gobierno decidió inundar la zona con fuerzas de seguridad de la nación: Policía Federal, Gendarmería, Policía Aeroportuaria (PSA) y hasta Prefectura Naval. Un ejército desmedido pertrechado con cascos, escudos, escopetas, palos, gases y camiones hidrantes, para azuzar a un puñado de personas reclamando por subsistir.
En menos de un año esos pacíficos semaforazos devinieron en corridas, golpes, empujones, gases y decenas de detenciones, en su mayoría arbitrarias.
Los grupos
No son muchos los jubilados y jubiladas que cada miércoles se reúnen en el Congreso. Diría que son bastante pocos para el escándalo represivo que suelen padecer.
Por un lado está el grupo que se identifica como “Los Doce Apóstoles”. No son mucho más de cincuenta personas, la mayoría varones. Se manifiestan con la simpleza de la calle y de la cancha. Son activos, escurridizos, provocantes. Prefieren el símbolo al discurso. Pocas palabras, mucho gesto. Carteles ingeniosos, disfraces, pelucas, bailes y cotillón. La solidaridad atraviesa, explícitamente su modo de estar en la calle: reparten comida, festejan cumpleaños, se cuidan, se abrazan. Sin ser la expresión orgánica de un partido político, la gran mayoría se asume existencialmente peronista. Desde ese grupo partió la convocatoria a las hinchadas de futbol y siguen siendo acompañados por un buen número de personas que no son jubiladas pero se asocian solidariamente a sus reclamos. Fotorreporteros y cronistas de medios comunitarios les ofrecen su apoyo y están siempre en sus actividades.
Otro grupo se llama “Jubiladxs Insurgentes”. Se constituyó durante el gobierno de Macri y retomó fuerte su actividad en enero de 2024. El número de participantes es impreciso, parecido al de los Doce Apóstoles pero con mayor presencia femenina. Parece expresar, más cabalmente, al progresismo porteño. Cada miércoles, antes de ir al Congreso, manifiestan sus reclamos en varias calles del centro. La esquina de Callao y Corrientes es su punto de encuentro. Es un grupo aguerrido, organizado en asambleas con fuertes consignas políticas y con presencia en varios distritos de Buenos Aires y de otras provincias del país.
La “Mesa coordinadora de jubilados y jubiladas” es el tercero de los grupos. Se construyó desde los partidos de Izquierda (PTS, PO, IS) y una de sus expresiones es “Jubilados Clasistas”. Forman el grupo más discursivo. Cada miércoles hacen una “Radio Abierta” en la que exponen vivamente los diferentes conflictos sectoriales. A diferencia de los primeros, aquí hay poco símbolo y mucha palabra. Las categorías trotskistas sustentan sus análisis y sus acciones.
Hay más grupos, pero los tres mencionados son los que caracterizan la concentración de los miércoles.
Las vueltas a la Plaza
Después de los frustrados “semaforazos” y de los mil y un intentos por ejercer la protesta dando una vuelta alrededor del Palacio Legislativo, los jubilados y jubiladas fueron literalmente empujados a una especie de protestódromo.
Esta es la escena: se rodea el Congreso con vallas de hierro de dos metros y medio de altura. Allí concentran centenares de policías fuertemente armados. Se coloca ese mismo tipo de vallas sobre la Av. Entre Ríos en su intersección con Adolfo Alsina y también en Av. Callao esquina Bartolomé Mitre. Como si eso fuera poco, se colocan vallas desde Rivadavia hasta Irigoyen en el borde oeste de la Plaza. Y para cerrar esa esa especie de corral, efectivos de la Infantería se posicionan en Av. de Mayo cortándola de vereda a vereda.
“Vayan, protesten ahí”, parecen decir. Entonces no queda otra. Después de permanecer un rato por la zona, jubilados y jubiladas caminan ese circuito formado por la Plaza de los dos Congresos y la Plaza Mariano Moreno. Es el momento en que despliegan su bronca, sus críticas al gobierno y el reclamo de sus derechos. Si no fuera por los muy poquitos medios de comunicación comerciales que algo informan en la tele y en algún diario pero, sobre todo, por los medios de comunicación populares y comunitarios que informan a través de las redes, casi nadie se enteraría de lo que pasa en ese lugar. El protestódromo está bien diseñado y muy bien custodiado.
No son los jubilados quienes cortan las calles y complican el tránsito vehicular. Es la misma policía. Puede especularse que sea para que la gente se queje de los manifestantes. Es bien probable. Porque no parece haber motivos de seguridad que lo amerite.
Las concentraciones, semaforazos y marchas comenzaron en enero de 2024. Se reclama haberes mínimos acordes al costo de vida, el retorno de las moratorias, la devolución de los medicamentos, la restitución del Fondo de Garantía de Sustentabilidad y la re financiación de PAMI. Quizá no se consiga nada. Pero los jubilados y jubiladas no tienen mucho para perder. Lo que no quieren es entregar su dignidad. Lo que quieren, es un futuro más justo para sus descendencias. Por eso, cada miércoles, los seguirá encontrando en la calle.
Sergio Zalba
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